jueves, 14 de agosto de 2025

Un problema de la juventud de hoy.

Hay algo que me ha rondado la cabeza durante un par de años.

La vida antes de la explosión de las redes sociales y la verdadera adicción a los teléfonos móviles fue decisiva para el desarrollo de los que nos criamos justo antes de que ocurriera este verdadero "boom". Diariamente me encuentro con casos de personas jóvenes que no tienen la costumbre de estar lejos de sus celulares, que comparten todo en redes sociales y cuya vida pareciera girar en torno al qué dirán. Esto, en mi experiencia, no se ve tanto en las personas que crecimos en los años 90 y 2000, previo al 2010.

Estando en bares, restaurantes, parques y otros espacios se ve un número increíble de personas tomándose fotografías sin parar para luego estar con los ojos pegados en la pantalla y no hablar entre ellos.

¿Cuál vendría siendo la motivación de salir con tus amigos si es que ni siquiera van a conversar?

Compartir todo lo que uno vive en redes sociales no da espacio para la individualidad y se difuminan los límites de la privacidad. Uno podría debatir que son decisiones personales, pero pasa a un punto en el que ya puede ser dañino para la persona.

Unas preguntas para reflexionar:

Si es que comparto todo lo que ocurre en mi vida, ¿estaré compartiendo algo que no debería compartir y que me traerá malas consecuencias? ¿habré perdido conciencia de los límites de la privacidad?

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